XIII.


Imaginen el ojo del jorobado, pleno de ternura,
de dolor y compasión, súbitamente lleno de furia.

Imaginen a la matrona de Éfeso, de extrema belleza,
llorando sin consuelo en medio de la cripta despiadada.

Imaginen la sombra grotesca de la Sra.Wakefield,
que alegre danza contra el cieloraso
mientras suben y bajan las llamaradas del hogar.

Imaginen que es primavera, y al hombrecito de los globos,
que tiene pies de piña y que silba, lejos y pequeñito.

Imaginen a Medea, en momentos de su feroz venganza,
bajando la espada sobre sus hijos.

Imaginen los cohetes relampagueantes de Bradbury,
envueltos en rosadas flores de humo,
al posarse, como langostas, sobre la superficie marciana.

Imaginen abrazar la fina cintura de Marguerite Gautier
y sentir el peso lánguido de su leyenda.

Imaginen a Yocasta, a Creonte, a Edipo y a Tebas.

Imaginen que llegue la muerte y tenga nuestros ojos,
y que estos no sean más una palabra inútil, un grito callado;
y que mudos descendamos al abismo.

Imaginen a Molly, a Stephen, a Bloom.

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En imagen: James Joyce fotografiado por Berenice Abbott, 1926.