IV.


Imaginen la risa chillona de Olga Kirillovna;
su cuerpo rubio y seco, el rostro pecoso.

Imaginen a Juntacadáveres, lo antiburgués en dos patas:
un símbolo, algo verdadero, concreto, un pasado.

Imaginen el vestido blanco con lazos de color de rosa
con el que Carlota se le aparece al joven Werther.

Imaginen cabalgar sobre la lava hacia Kiolo, y nadar
y pescar y dormir sobre la cálida arena bajo las palmeras.

Imaginen al introvertido y soñador Virgilio,
perdiéndose abstraído en un pastizal de su Arcadia.

Imaginen la lenta, olorosa, redonda flor de la maravilla.

Imaginen los espíritus disolviéndose en la niebla,
y a Mefistófeles cargando a Fausto sobre sus hombros.

Imaginen a la princesa, tan triste,
los suspiros escapando de su boca de fresa,
perdida la risa, perdido el color.

Imaginen dos figuras en la densa luz violeta,
que es noche, que la luna resplandece.

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Se reproduce: “Vorlesung aus Goethes Werther“, óleo de Wilhelm Amberg.